Presentaciones eficaces

Gru y su entrada triunfal

Presentarse a un grupo de personas puede ser la cosa más complicada del mundo… sobre todo si queremos quedar bien. Al menos, esa es mi conclusión después de impartir medio centenar de veces un curso de escritura empresarial y pedirle a mis alumnos que se presenten al grupo durante solo un minuto.

Un minuto.

A mí me parece realmente poco, pero es que yo soy muy de liarme a hablar. Supongo que a ellos un minuto les parece una barbaridad. El minuto más largo del mundo. Esa es la relatividad de la que hablaba Einstein…

Llegados a este párrafo y dado que seguís leyéndome (me siento sorprendida y halagada a partes iguales), intentaré meterme en vuestros cerebros y poner a continuación las palabras que surgen en vuestra mente: “¿Pero esto no iba de presentaciones eficaces?”, os estaréis preguntando. Pues sí. Va de presentaciones eficaces… pero no de esas que se hacen con Powerpoint y un montón de horribles animaciones, soniditos y transiciones. Esto va de nosotros, de cómo nos presentamos al mundo y la imagen que ofrecemos.

Volvemos al ejemplo del curso de escritura corporativa. Veréis, se trata de un curso llamado “Cómo impactar a través de nuestros escritos” que realizo en empresas, habitualmente grandes firmas y multinacionales, en las cuales los trabajadores son jóvenes y muy, pero que muy preparados.  A veces están tan preparados que me dan miedito. Y pena.

¿¿¿Pena???, habrá gritado la vocecita de vuestros cerebros. Porque… a ver: jóvenes, preparadísimos y trabajando en una gran firma. ¿Por qué pena?

Pues… volvamos a la clase.

Así como a las tres horas y media de curso llegamos al apartado de los estilos o enfoques que podemos usar a la hora de redactar un correo electrónico eficaz. Básicamente son cuatro y todos tenemos uno que es el nuestro, con el que nos sentimos cómodos, con el que preferimos que nos hablen habitualmente y el que nos sale de natural. Los cuatro estilos son:

1.- Formal, directo y seco: el corporativo por excelencia. Frío, profesional, distante… es el menos arriesgado porque pone un maravilloso escudo protector entre el que escribe y el que lee el mensaje. Con este siempre acertamos… repito SIN ARRIESGARNOS.

2.- Flexible y confiado: este es el mío. Es cálido, cercano, invita a la confianza, a sentirse cómodo con el otro. Es complicado porque hay que ser muy hábil marcando límites o la confianza acaba dando asco, pero con él he logrado acabar riéndome a mandíbula batiente con directores de empresa la mar de serios y aburridos. También he conseguido trabajos gracias a él a pesar de no cumplir del todo con el perfil requerido. Pero es que la confianza es contagiosa.

3.- Tecnocrático-literario: el de soltar la chapa, el de lucirse con los detalles. Genial si al lector le gusta que le demos muchos datos, si le fascina aprender de todo. Solo hay que tener cuidado de que el mensaje quede claro y que el lector no se sienta tonto. Vamos, que no hay que ser demasiado paternalista o condescendiente. Si al lector le gusta ir al grano este no es su estilo, queridos míos… evitadlo como la peste.

4.- Desafiante: también este es parte de mi naturaleza, no puedo evitarlo. Y es que cuando hablo de algo que domino y tengo que provocar al lector, me pongo más chula que un ocho, más hinchada que un pavo. La mejor manera de usarlo es con personas que tengan una posición inferior a ti, no vaya a ser que escribamos así a un jefe y se piense que nos reímos de él. A la gente muy sensible o muy responsable le puede escocer. Y es que es un estilo en general agresivo. Pero con él también he conseguido trabajos interesantes. ¿Por qué? Porque es el estilo de los valientes, de los que tienen carácter… y la sartén por el mango.

Una vez vistos estos enfoques, siempre les propongo a mis chicos que escriban una presentación de ellos mismos que dure más o menos un minuto. Después la leemos y buscamos el estilo de cada uno.

Como os digo, habitualmente el perfil de mis chicos es muy elevado y su edad ronda los treinta años como mucho (qué ternurita me dan). A veces he tenido alumnos de cuarenta y cuarenta y tantos. ¡Incluso de más de cincuenta! Y de sesenta…

Y os puedo asegurar que la experiencia se enriquece muchísimo más con ellos.

Y es que los alumnos más jóvenes, cuando se presentan, siempre me cuentan lo mismo: sus carreras, másteres, doctorados, trabajos previos (importantísimos todos) y los más atrevidos me dicen dos cosas que suelen hacer en su tiempo libre (leer, el cine y salir con los amigos lideran el top ten de hobbies empresariales). Vamos, que me sueltan una carta de presentación como la que envían a las empresas cuando andan buscando trabajo.

Los alumnos más mayores, sin embargo, están de vuelta de todo, han vivido cosas y conocen su identidad más allá de estudios y trabajos y tienen menos complejos a la hora de mostrarse al mundo. Te dicen sus motes, te cuentan anécdotas, te hablan de sus hijos (o de sus nietos) y habitualmente adoptan un tono mucho más relajado, más confiado. Porque si llevan veinte años trabajando en una multinacional, ya sabemos que su curriculum es importante.

Los jóvenes no solo te hablan de sus logros académicos (para muchos la empresa en la que están es su primer o su segundo trabajo, al menos digno de reseña, que los veranos en el MacDonald’s no suelen quedar bien) sino que además ponen el tono propio de los que quieren que los contrates, un tono de adulto responsable, un tono… CORPORATIVO.

¿Puede haber una muestra mayor de inseguridad que presentarse tras una barrera de logros laborales? En realidad lo que hacen es intentar demostrar que tienen el… currículo más largo de la sala. Ternurita. Y pena.

Cuando les digo que los cuatro enfoques vistos son correctos y que para ser eficaces deben dominar los cuatro y manejarlos cuando la situación lo requiera, me miran como si me hubieran salido un par de antenas en la cabeza y largas mandíbulas insectoides.

Y ya cuando les digo que si alguien les manda un correo en un tono flexible y confiado respondan igual porque así como hablamos nos gusta que nos hablen, su cara es la de la pobre mantis macho cuando ve que la hembra se da la vuelta y les mira a los ojos… ¡Como si les fuera a arrancar la cabeza de un bocao!

¿He dicho ya que el título del curso es “Cómo impactar a través de nuestros escritos“? Pues eso.

Me cuesta mucho que se relajen, que se abran un poquito y prueben a cambiar el tono de sus escritos para ser un poco más el amigo que aconseja y un poco menos el abogado que te cruje. Al final, todos salimos bastantes contentos del curso. Ellos al menos pasan una mañana riéndose y olvidándose un poco de sus tareas. Y yo salgo con mi ternurita intacta, porque al fin y al cabo yo estuve también ahí de jovencilla, presumiendo de curriculum y tratando de sonar la mar de seria y profesional. Menos mal que se me pasó deprisita.

No sé si alguno decidirá experimentar con su enfoque (ser flexible y confiado no implica tratar de colega a un cliente, pero sí relajar un poco el tono, ser menos corporativo, menos máquina y, sobre todo, atreverse a tutear si el otro nos da pie a ello, que no nos vamos a convertir en estatua de sal, ni mucho menos), pero sí que espero que la próxima vez que deban presentarse, hablen más de la persona que son y menos de lo profesionales que quieren ser.  Porque francamente, estando donde están, con la edad que tienen, ya me dejan claro a mí, la profe que se presenta como “Victoria, pero todos me llaman Vicky”, la que les habla de historias “de miedito” y les pone ejemplos frikis, que su curriculum sin duda será impresionante.

Pero yo educo personas, y no currículos.

Así que si alguna vez os pido que os presentéis, habladme de vosotros, de vuestros gustos, vuestros sueños e incluso, si me consideráis digna de vuestra confianza, de vuestros temores. Porque en el fondo, esa es la manera de destacar, de impactar y de quedarnos en la mente y los corazoncitos de los demás.

Los títulos se olvidan, las emociones se quedan. Siempre.

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Narayani dice:

    Muy buenos consejos😉 No digo que yo sea muy buena presentándome pero sí que me considero bastante buena en la redacción de emails de trabajo. Mi estilo es el flexible y confiado que mencionas tú en el post.

    Ahora trabajo en una empresa muy grande y tengo que “lidiar” a diario con gente “más importante” que yo, pero antes de eso siempre he trabajado en sitios pequeños, que me han dado la experiencia para moverme de una forma cómoda donde estoy ahora. En mi trabajo la gente me respeta como persona y como profesional y cuando les digo que no tengo carrera se sorprenden siempre. Cursé estudios de marketing pero no la carrera sino un módulo superior como se llamaba entonces. Nunca hablo de los estudios cuando me presento porque la gente le da una importancia que creo que no se puede comparar con la experiencia que puedo aportar. Por eso intento potenciar otras cosas por encima de los estudios.

    En resumen, me ha gustado mucho el post y creo que tienes mucha razón en lo que dices de los jóvenes de treinta. Otro día te contaré más sobre los recién licenciados que tenemos en la oficina y que entran casi exigiendo un despacho porque “han estudiado mucho y se lo merecen”😉

    ¡Besos, guapa!

    1. Si es que al final somos mucho más que un curriculum, y está claro que la experiencia al final es más importante que los estudios… y desde luego con la edad vas viendo las cosas con perspectiva y te das cuenta de quién eres y te importa menos el qué dirán o el qué pensarán.
      Lo del despacho también lo he vivido. Pobrecitos. Al final la vida nos pone a todos en nuestro sitio😉
      Y por cierto… imaginaba que tu estilo sería el flexible y confiado. ¿Por qué será? XDD

      1. Narayani dice:

        Eso digo yo… ¿Por qué será?

        Besos!

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