Día Internacional del Libro Infantil… ¡Y regalito!

Hoy es el Día Internacional del Libro Infantil y por ello, dado que es una parte de mi trabajo como escritora (de la que ya os hablaré en breve), he decidido celebrarlo con todos vosotros de una forma un tanto especial.

Durante el día de hoy y únicamente hasta las 12 de la noche, os dejaré subido en este espacio el cuento El broche del diablo íntegro. Sin embargo, con la llegada del nuevo día el cuento desaparecerá, ya que forma parte de un proyecto editorial muy importante, y no podréis volver a leerlo hasta el momento de su publicación.

Por supuesto, el libro ha sido ya registrado en la Propiedad Intelectual y, dado que está en fase de producción, es fácil demostrar un plagio (por si alguien está pensando en copiar alguno de los textos de mi blog… aunque sé que mis seguidores son leales y suficientemente creativos como para no necesitar hacer algo así), así que por favor, no copiéis mis textos. Si deseáis compartir algo de mi blog decídmelo y estaré encantada de colaborar y difundir.

Espero que os guste y…

¡Feliz Día Internacional del Libro Infantil!

El broche del diablo

Decíase de la belleza de la princesa que no tenía igual, que sus cabellos cobrizos tenían el color del sol al atardecer; sus ojos verdes, del mismo tono que las aguas más profundas del océano, eran los más puros y su piel, blanca como las primeras nieves, era la más suave.

De todos los rincones del mundo llegaban príncipes y grandes hombres para solicitar la gracia de desposarse con ella. Y, sin embargo, todos regresaban a sus países con el rechazo clavado como un puñal en sus corazones. No podría decirse que la bella princesa Niamh fuera vanidosa o soberbia. Simplemente, no estaba interesada en ninguno de aquellos pretendientes llegados tan solo para admirar su belleza. Para desesperación de su padre, el rey Bores, la muchacha parecía más interesada en la música de los juglares y sus paseos por el bosque que en considerar tan solo por un instante la posibilidad de aceptar alguna de las elevadas proposiciones que recibía.

Aquel dorado amanecer, la muchacha decidió acercarse a la pequeña cascada aledaña al castillo. Eligió para ello un inmaculado vestido de seda blanca, unos cómodos escarpines y, acompañada de sus doncellas y sus paladines, subió a su corcel y avanzó por la suave pradera. Y así, radiante como una mañana de primavera, rodeada por una alegre comitiva, llegó la bella al río. Decidió descansar sobre el fragante manto de hierba y se recostó bajo un viejo roble. La brisa era fresca, el aire traía una dulce fragancia a flores y, arropada por la leve música de su juglar, la princesa no tardó en quedarse dormida.

Y así la halló el malvado Turel. Había pasado unos días en el pueblo, seduciendo a las inocentes gentes con su artificios y se hallaba de camino hacia la aldea vecina cuando, al escuchar la fanfarria de la pequeña comitiva, adoptó su disfraz de mendigo y se acercó a hurtadillas para admirar la escena.

Encontró a Niamh dormida, con los rojos cabellos desparramados por la verde hierba, sus ojos esmeralda cerrados, sus mejillas teñidas de un delicioso rubor. Todo en ella era hermoso y el demonio, que acostumbraba a rodearse de mezquindad y fealdad, sintió que su corazón, frío como una piedra, se agitaba con fuerza en su pecho. Y sintió que le embargaba una terrible envidia por el poder que manifestaba aquel Dios al que tanto odiaba al crear un ser tan bello e inocente. Y así, observando su hermoso rostro, Turel decidió que aquel alma inocente debía ser suya. Desde ese aciago momento, nada más deseaba, no le importaban los demás mortales de vidas miserables. Sólo Niamh ocupaba sus pensamientos y era origen de sus inquietudes.

Estiró el malvado su mano temblorosa, ansiando acariciar su blanco hombro cuando de pronto, la piel se le llenó de dolorosas llagas, como abrasada por una invisible llama. Conteniendo un grito de rabia y dolor, se apartó y trató de ocultarse, pero tuvo la mala suerte de ser descubierto por uno de los caballeros de la comitiva que, al verlo agazapado tras el nudoso tronco, espiando a su señora, lo expulsó a golpes lanzándole todo tipo de improperios. Se dejó hacer el demonio fingiendo indefensión y vio cómo la princesa se despertaba y, asustada, corría a refugiarse en los brazos de su aya. Y sin embargo, al ver la muchacha al pobre buhonero recibir semejante maltrato por parte de un caballero armado, alzó la voz y mandó al bruto detenerse, entregó a Turel una bolsa de oro para compensar tan duro castigo por una afrenta tan pequeña e incluso quiso limpiar la sangre de su rostro con su fragante pañuelo.

Frustrado al ver su bondad, y comprendiendo que la pureza de su alma era aquello que lo había lastimado, el demonio se alejó pensando cómo podría hacerse con la princesa, pues su mera cercanía le producía un gran dolor.

Descendió raudo a los abismos y trató por todos los medios de olvidar a la bella Niamh. Y, sin embargo, cuanto más lo intentaba, más la deseaba. Sus sueños le devolvían una y otra vez la imagen de la bella dormida y durante el día sus dulces ojos, sus suaves labios y su blanca piel inundaban sus pensamientos. Desesperado, incapaz ya de pensar en otra cosa que no fuera la hermosa doncella, decidió armarse de valor y pedirle ayuda al rey infernal […]

Pasadas las 12 de la noche, cual calabaza mágica, el resto del cuento se desvaneció en la bruma de la noche.

Espero que todos aquellos que llegasteis a tiempo disfrutarais de su lectura.

El cuento estará en breve disponible de la mano de una nueva editorial. Hasta entonces, espero que disfrutéis del resto de los contenidos de mi blog.

6 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Elena Casal dice:

    Historia preciosa.
    Me ha encantado.
    Un beso madrina.

    1. Me alegro “ahijada”🙂

      Besote y… te debo una visita a tu blog, así que… ¡Allá voy!

  2. Carmen Herranz dice:

    Fantástico, Vicky! Mil gracias por esta preciosa historia 🙂

    1. Gracias a ti, Carmen, por pasarte por mi rinconcito🙂

      Besote!

  3. Carolina dice:

    Victoria, que hermoso cuento de hadas. Me gusto sobre todo que el salvador de la historia sea un niño..Ojalá que todos mantuviéramos la inocencia de los niños, seguro el mundo seria mejor y no se cumpliría la sentencia de Beleth…

    1. Me alegro de que te haya gustado el cuento, Carolina. Efectivamente, la infancia es una edad maravillosa y tiene su propia sabiduría. Los niños no solo son capaces de creer en la magia, sino que a veces nos sorprenden a los adultos con su lógica aplastante.
      Hoy es el Día del Libro Infantil, así que la infancia tenía que estar presente en el cuento

      Un besote

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