De pepinos y (mala) leche

Juana de Arco

Siempre he sido bastante justiciera. Desde mis primeros días de vida, si oía a alguien llorar, lloraba yo también desconsoladamente. Odiaba profundamente ver a alguien haciendo daño a otra persona o animal. Ya antes de los tres años abofeteé a una amiguita por mantener una conducta irresponsable que ponía en peligro su vida y me arriesgué a ser atropellada por la bici del típico matón de parque que acabó con sus tiernos huesos en la fuente para mofa y escarnio de sus diminutas víctimas (y escandalera de su permisiva madre).

No puedo evitarlo.

En la universidad incluso llegaron a llamarme Juana de Arco, porque muchas de las injusticias que allí vi me soliviantaban en gran manera.

Desde entonces han pasado muchos años, pero en lugar de apaciguarme, en los últimos tiempos al menos noto que mi paciencia empieza a colmarse.

Hace unos días escribí acerca de mi indignación por el desalojo brutal de la acampada en Barcelona. Pues bien, esta mañana me he levantado y he encendido mi ordenador para trabajar (ya, ya sé que es domingo, pero esta es la bonita realidad de los trabajadores freelance), sin embargo antes les he echado un ojo a las noticias de hoy… ¡Craso error! Para mi sopresa, parece que una vez más nuestros estupendos gobernantes, esos que en su día fueron elegidos por nuestro maravilloso sistema electoral, una vez más, como digo, se han bajado los pantalones. ¿Por qué? Porque Alemania tiene mayor peso político que España.

No es solo que me sorprenda, sino que me pone los pelos de punta. Se supone que estamos en la UNIÓN europea, una unidad formada por un conjunto de países con los mismos derechos… pero no. Alemania puede hacer y decir cuanto le venga en gana y España solo puede comerse su rabia (si es que nuestros políticos pueden sentir rabia, claro, porque me da a mí que en lugar de sangre, por sus venas corre horchata). Y es que a pesar del daño que la irresponsabilidad de esta señora, Cornelia Prüfer-Storcks y la tiranía de la Merkel hayan hecho a los agricultores de nuestro país, al señor Rubalcaba le da miedito hacer lo que debe hacer. Demandar y reclamar. Como dijo que haría hace unos días.

Pero se ve que la Merkel… pues eso. Que da miedito.

Pero de esta buena señora ya hablaremos más adelante.

Por de pronto, lo que más me ha sorprendido, es leer comentarios de buenos ciudadanos de a pie asegurando, supongo que muy convencidos, que de vez en cuando hay que agachar la cabeza.

Y eso ha hecho que la sangre me hierva… una vez más.

¡No se va a ninguna parte agachando la cabeza! Bajar  la frente deja la cerviz al descubierto, bien preparadita para la gran colleja que nos van a dar. Agachar la cabeza hace que nos miremos los pies, y no lo que nos queda por delante. Bajar la mirada, queridos ciudadanos, nos hace adoptar la pose del buey atado al yugo, que solo puede avanzar, cansinamente, sin saber si el arado va recto o no, que de eso se encargarán otros, quemándose la nuca bajo el sol inclemente, mientras piensa que no hay nada más allá, salvo una larguísima línea que recorrer de sol a sol.

¿Es eso lo que queremos para nuestro futuro? ¿Agachar la cabeza y contestar un “sí, señor” a todas las injusticias? ¿Trabajar de sol a sol (los que podemos) por un salario mileurista? ¿Permitir que otro país de la (supuesta) Unión Europea nos diga cómo hemos de vivir y nos arruine la economía sin pedirle cuentas a cambio? ¿Dejar que nos representen políticos que se bajan los pantalones a la primera de cambio?

Si queremos un cambio, empecemos peleando nosotros por él. ¡Nada de bajar la cabeza! ¡Miremos al frente, hacia nuestro futuro! No permitamos que nadie nos vapulee, nos insulte y nos maltrate sin temer las consecuencias.

A lo largo de la historia los españoles hemos sido conocidos por nuestro carácter guerrero, por nuestro valor y nuestro sentido del honor. ¡Recuperémoslos! Solo nosotros podemos luchar por lo que realmente queremos, así que ¡adelante!

Mañana, de camino a la oficina, me gustaría ver más rostros alzados, miradas brillantes y expresiones rotundas.

Es por nuestro futuro.

5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Elena94:) dice:

    VIcky, te voy a dar mi opinión sobre el asunto de los pepinos.
    Esto es lo último que nos faltaba para hundirnos más. Pienso que antes de acusar, debían investigar. No hacerlo después de haber hecho el daño. Porque es lo que han hecho, no se han dado cuenta de que, con esa falsa acusación, nos están hundiendo más.

    1. Hola, Elena
      Exactamente. Ahora Europa ofrece una “ayuda” que cubrirá el 50% de las pérdidas sufridas, cuando en realidad debería darse una indemnización, pues se ha producido un perjuicio grave por una negligencia. El matiz entre “ayuda” e “indemnización” quizás no sea muy grande, pero existe…

      1. Elena94:) dice:

        No se han dado cuenta del daño que han hecho.
        La noticia que me acabas de contar la he oído esta mañana en la radio y me daba la risa. Nuestro “querido” Gobierno tiene que darse cuenta de que no es suficiente con el 50%

    1. Hola, Nate
      Si está claro que, como decimos a este lado del charco “en todas partes cuecen habas” vamos, que está claro que la clase política nos está demostrando que no sirve al pueblo, como se supone que debería ser, sino a intereses económicos propios y ajenos, pero no de los ciudadanos de a pie.
      Está bien que gente como tú nos muestre lo que pasa en el resto del mundo. Quizás así todos, por fin, decidamos ponernos en pie y hacer algo.

      Un saludo

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