La Anjana Enamorada (V)

5. El Hechizo

Laro estuvo todo el invierno muy triste, porque no podía ver a Noibe, ya que las nieves cubrieron enseguida el suelo del bosque y los tejados de las casitas del pueblo. Pero, a pesar de ello, como el pastor había arreglado muy bien su cabaña, María, su mamá, no enfermó ese año y Miranda no pasó frío por primera vez en su corta vida. Y aunque esto le hacía muy feliz, el pobre Laro no podía dejar de pensar en su Anjana.

Por su parte, Noibe, que, como es un hada no puede pasar frío, paseaba todos los días hasta el árbol de Laro y se sentaba bajo su helada copa, suspirando y pensando en el pastor. Y tenía una carita tan triste, que alguien se apiadó de ella.

– ¿Por qué estás tan triste, Noibe?- Una chica, casi tan guapa como la Anjana, vestida con una capa de plata y con la frente adornada por una radiante estrella, salió del río para consolarla.

– Porque no puedo ver a Laro.

– ¿Tanto le quieres?

– Tú eres una moza del agua, no creo que me entiendas.

– Pues sí que te entiendo. Conozco al pastor desde hace más tiempo que tú.

– ¿En serio?

– Claro. Hace tiempo le robé un tarro de miel, pero me dio tanta pena porque era tan pobre, que a cambio le di una perla de nuestro palacio del fondo del lago. Entonces él empezó a dejar golosinas para mí y yo a cambio le daba más joyas. Al fin y al cabo, nuestro tesoro es tan grande, que sus riquezas me aburren. Para mí no tienen el valor que tienen para los humanos. Luego me enteré de que usaba mis regalos para arreglar su casa y evitar así que su madre enfermara… es un buen hombre.

– No estarás enamorada de él…

– Bueno, durante un tiempo así lo creí, pero como tú has dicho, las mozas del agua no nos enamoramos. Sólo nos encaprichamos de los humanos. Estuve a punto de arrastrarle a nuestro palacio del lago, pero apareciste tú, y decidí que sería más feliz contigo. Los humanos no son capaces de vivir bajo el agua mucho tiempo.

– Gracias.

– No hay de qué. Todo el mundo está empeñado en que las mozas del agua somos malvadas, pero no es así. También tenemos sentimientos. Además, él te quiere muchísimo. Volverá en primavera, no te preocupes.

– Ya. Pero hay algo que no le he dicho…

– ¿Y qué es?

– Pues que las Anjanas no podemos casarnos con los humanos.

– ¡Vaya, eso sí que es un problema…!

Y entonces Messorina, que lo había oído todo, salió de detrás del árbol.

– ¡Nada de problemas!- exclamó, dándole a Noibe y la ninfa un susto de muerte.- Yo no creo que tu problema sea tan difícil de arreglar.

– ¿Ah, no?

– Pues no. Para todo hay soluciones, querida, lo que pasa es que no siempre las hallamos a tiempo… pero yo sé algo que arreglará tu… pequeño inconveniente.

– ¿En serio? – la pobre Anjana estaba tan enamorada, que estaba dispuesta a hacer cualquier cosa por estar siempre al lado del pastorcito.

– Claro, querida… el amor lo puede todo, ¿no? Tú debes saberlo mejor que yo, que soy una pobre bruja, y por lo tanto soy incapaz de sentir nada bueno por nadie.

– ¿Y entonces por qué habrías de ayudarme?

– Pues mira, porque hoy me has pillado con el pie cambiado. He hecho una apuesta con mi hermana menor: ella cree que soy incapaz de hacer nada bueno por nadie, y yo voy a demostrarle que soy capaz de todo. Además, nos hemos apostado la escoba, y en estos tiempos tener una escoba motorizada es muy importante en mi oficio.

– No te fíes, Noibe. Las brujas nunca hacen nada bueno.

– Por eso mismo debes fiarte de mí, querida- la bruja tomó a la Anjana por los hombros, con ademán maternal.- Soy la bruja más poderosa del mundo entero, y por un día, me pongo a tu entera disposición.

– Y… ¿en qué consiste tu ayuda?- preguntó Noibe esperanzada, pero con un poquitín de miedo.

– Pues verás, las Anjanas estáis condenadas a no enamoraros nunca, porque si no caería un castigo terrible sobre vosotras, ¿verdad?

– Sí…

– Bueno, pues tú te casas con Laro, y yo a cambio, neutralizo la maldición que cae sobre ti por ser Anjana.

– ¿Puedes hacer eso?- dudó Noibe.

– Pero niña, ¡yo puedo hacer cualquier cosa! Mira, para que te fíes de mí, dejaré que te lo pienses hasta la llegada de la primavera. En cuanto la primera flor nazca de la tierra, regresaré aquí, y te esperaré para que me des tu respuesta. Si aceptas mi ayuda, te haré el hechizo tan rápido, que notarás su poder antes de que llegue tu humano. Y entonces podrás casarte con él.

– ¿Y si no funciona?

– Pero, querida niña… ¿Cómo no va a funcionar? Soy experta en casos desesperados. Mira, ese día del que hemos hablado, subiré aquí con mi poción, y tú te la tomarás enterita, hasta la última gota. Entonces te sentirás distinta. Sentirás… como si tuvieras hormigas en los pies. Y luego la luz que brilla a tu alrededor será un poco más intensa. Y después te darás cuenta de que lo ves todo con otros ojos.

– No sé si fiarme…- Aunque Noibe dudaba un poco, Messorina vio que la tenía casi convencida del todo, y se frotó las manos disimuladamente.

– Bueno, si no te fías, me voy. Otro desdichado necesitará de mi ayuda… al fin y al cabo, ¿no vale la pena arriesgarse un poco por un amor verdadero? – e hizo como que se iba, pero muy despacio.

– ¡Espera!- gritó Noibe.

– ¿Sí, querida? – la malvada bruja se volvió con una dulce sonrisa.

– Acepto. Necesito tu ayuda.

– ¡Noibe, no!- exclamó la ninfa, que veía que la bruja no estaba siendo sincera del todo. La Anjana se volvió.

– Tú no lo entiendes, moza del agua. Quiero a Laro con toda mi alma, y si no puedo casarme con él, entonces mi vida no tiene ningún sentido.

– ¡Perfecto! Tienes toda la razón del mundo, bonita – reconoció la malvada bruja, que estaba encantada por cómo se resolvía la escena.- Entonces… ¿Te espero aquí dentro de un mes?

– Aquí estaré, bruja.

Messorina se fue como un niño con zapatos nuevos: no se podía creer lo fácil que había sido convencer a Noibe. ¡Qué inocente era!

Cuando la bruja llegó a su cueva, empezó a mezclar cosas raras en su caldero, porque en realidad no sabía muy bien cómo hacer el hechizo de la pobre Noibe porque, seamos sinceros, nunca había matado a una Anjana. Su hermana pequeña la miró intrigada, ya que nunca había visto a Messorina tan contenta. De hecho, Messorina nunca estaba contenta.

– ¿Qué haces? – preguntó.

– Un hechizo.

– Hombre, eso ya lo veo… ¿Para qué es?

– Para matar a la Anjana.

– ¿A Noibe?

– Sí, boba, a Noibe. ¿A quién si no?

– Pero… está prohibido…

– ¿Y qué?

– Pues que te caerá un castigo tremendo, Misi.

– Soy la bruja más poderosa, nadie puede castigarme, porque nadie tiene tanto poder como yo, y por el amor de Dios, Vadinia ¡No me llames Misi!

– Perdona, Misi. Oye, ya que eres tan poderosa… ¿no podrías quitarme esta horrible verruga de la nariz?-le preguntó tímidamente, porque Messorina tenía muy mal genio, y Vadinia le tenía un poquito de miedo.

– ¿Quitarte esa verruga?

-Sí. El Trenti ha dicho que sólo será mi novio si me quito la verruga…

– Vadinia, eres tonta.- y Messorina siguió a lo suyo.

Pasó el tiempo, y los seres del bosque pasaron el mejor invierno de toda su vida, porque Messorina estaba tan ocupada preparando su hechizo, que no salió de la cueva ni un solo día para incordiar.

Y por fin sucedió lo que tenía que suceder: las nieves se retiraron para dar paso al sol, y llegó la primavera.

Tal y como había prometido, Noibe subió a la colina al amanecer y allí se dispuso a aguardar a Messorina, aunque la espera fue breve, ya que la bruja llegó enseguida.

– Has cumplido, Anjanuca… y yo también. Toma – le entregó un pequeño frasco de cristal con un líquido azul dentro.- Esta poción hará que puedas casarte con Laro. Noibe la miró con un poco de miedo. Podía ser un truco de la bruja… – Anda, hija, que no tengo todo el día…- le animó la malvada Messorina.

Y Noibe, resuelta, se lo bebió de un trago mientras hacía planes para su boda. Tal y como le había dicho la bruja meses atrás, los pies le hormiguearon y su luz se encendió un poco más… ¡Para irse apagando! La pobre Anjana dejó caer el frasco, que se rompió al estrellarse contra el suelo y se miró las manos ¡Se estaba volviendo transparente! Se volvió hacia Messorina, que reía bajito.

– ¿Qué me está pasando?- le preguntó asustada.

– Nada, querida. Compréndelo. Llevo planeando matarte mucho tiempo. Y aunque no he encontrado una poción lo suficientemente poderosa, verás… descubrí que el muérdago os quita los poderes a las Anjanas, y además, la mezcla de espino albar y digital, te convertirán en… ¡agua! Serás un precioso charquito dentro de nada, la tierra te absorberá… y desaparecerás para siempre. Pero eso no es todo… voy a presentarte a un amigo- entonces apareció el Roblón, un gigantesco roble de fiero aspecto que acostumbraba a comerse a las doncellas de los pueblos. El Roblón le dio un mandoble al árbol bajo el cual se sentaba siempre Laro, y ocupó su lugar.- Verás, querida: mi amigo esperará a tu pastor y, cuando éste se siente bajo su sombra a descansar, ¡lo devorará! Y así habrá acabado esta horrible historia de amor.

– No, espera, no me importa lo que me ocurra a mí, porque me lo merezco por fiarme de ti, pero deja vivir a Laro.

– No niña, quiero hacerte mucho, mucho daño. Y esta es la mejor manera.

– La Anjana tiene razón – interrumpió el Roblón, que aguardaba un poco incómodo – a mí no me gustan los pastores: me gustan más las doncellas, que tienen la carne blanda y dulce.

– Tú cállate, Roblón – le increpó la malvada bruja.

– Pero es que no lo entiendes, los pastores me dan asco, tienen mucho pelo…

– ¿Quieres acabar de transformarte en humano?

– Claro…

– Pues entonces, te callarás y te comerás a Laro. Y yo me encargaré de que tomes su forma. Y así podrás devorar a todas las doncellas del pueblo que desees.

– Está bien- el Roblón aceptó con un suspiro de resignación – pero que conste que lo hago por obligación.

Entonces la bruja se alejó refunfuñando, dejando que la pobre Anjana se fuera derritiendo, por lo que no vio que la moza del arroyo salía con una tinaja en las manos y recogía en ella a la infortunada Noibe sin que se derramara una sola gota.

– Ven, Noibe. Yo te cuidaré. Vivirás en mi lago hasta que encontremos la manera de que recuperes tu forma humana.

Y depositándola con cuidado en el lago, desapareció.

Y sólo el Roblón oyó a Noibe llorar.

Capítulo 4. Noibe
Capítulo 6. La Hechicera

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Elena94:) dice:

    Sigue enganchándome tu historia. No sé como lo haces. Un beso. ¿Queda mucho para acabar? (espero que no)

    1. Pues me alegro un montón, Elena. Concluir los capítulos en momentos de tensión hace que el lector quiera seguir leyendo, ya que la acción queda interrumpida y los humanos somos de naturaleza curiosa😉 Esta es la técnica que se suele usar en las series de acción, frecuentemente al terminar una temporada. Vamos más o menos por la mitad, así que acabaremos antes del próximo fin de semana.

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