Noche de San Juan (III)

3. Una intrusa en casa

No llevaba mucho rato dormida, cuando un ruido la despertó.

Lauri se incorporó, pensando que quizás lo había soñado, pero entonces volvió a oírlo.

Alguien había abierto un cajón.

Aterrada, pensando en los monstruos de los que le había hablado el abuelo, la niña encendió la lámpara de la mesilla. Cerró los ojos, deslumbrada y pestañeó hasta que su vista se acostumbró a la luz.

Y entonces la vio.

Era una niña como de su edad, o quizás un poco mayor, y tenía el pelo rojo como el fuego, sembrado de margaritas, y los ojos verdes como dos esmeraldas. Su nariz estaba recubierta de simpáticas pequitas y en sus manos… ¡Tenía la mascota virtual!

Lauri saltó fuera de la cama, indignada.

-¡Devuélveme a Pistachu!- le gritó furiosa a la extraña.

– Pis… ta… chu- Repitió la otra niña con dificultad, arrugando la naricilla en una mueca de extrañeza.

– ¡Que me lo devuelvas, ladrona!

Lauri se abalanzó sobre la intrusa, que se apartó de un brinco y salió corriendo, dando vueltas por la habitación, con Lauri pisándole los talones, hasta que escapó de un salto por la ventana, que estaba apenas a un  metro del suelo.

Sin pensárselo dos veces, Laurita la siguió y corrió todo lo que le daban las piernecitas, pero la ladrona era mucho más veloz.

Poco después de entrar en el bosque, la niña pelirroja dejó caer su tesoro al suelo y desapareció en la espesura.

Lauri cogió su juguete y lo limpió con un borde del camisón.

– Joroba, qué tipa más rara- se dijo- mira que robarme al pobre Pistachu…

Y entonces se dio cuenta de que estaba en el bosque. Podía oir sonidos que desconocía, hacía frío, a pesar de que el mes de junio estaba avanzado, y empezó a sentir un poquito de miedo, porque no recordaba por dónde había venido.

Miró a su alrededor.

Estaba sola y a través de los árboles apenas se filtraban los pálidos rayos de la luna, de tal manera que casi no se veía las puntas de los pies.

– Creo que debería regresar a casa del abuelo… no es prudente pasar la noche así, al aire libre…- se dijo, al borde de las lágrimas.

Entonces oyó unas voces que se acercaban, y se sintió aliviada. A lo mejor era gente que iba a la fiesta en la plaza del pueblo y que podría acompañarla de vuelta a su casa…. se puso de puntillas, para ver a los que se aproximaban, pero en ese momento escuchó una risa.  Era un gorjeo agudo, casi histérico… y de pronto las voces le parecieron algo malévolas…

Con un escalofrío recordó el relato del abuelo acerca de las brujas, así que, por prudencia, se escondió tras un matorral… sólo por si acaso.

De pronto, vio aparecer por el sendero a tres mujeres ancianas y de aspecto espantoso. Una era gordita, con una horrible verruga en la nariz; la otra, más alta y delgada, estaba casi calva y se reía como si le estuvieran haciendo cosquillas. La tercera, más chiquituca, avanzaba callada, con gesto hosco, y tenía unos brazos tan largos que casi le llegaban al suelo.

– Hermanas, escuchad, me he inventado una canción.-dijo la más gordita, y entonó con una voz espantosamente aguda:

“Por fin ocurrió,

la Anjana murió.

Hermanas, aún no.

Dormida está

en la Noche de San Juan

Mas mucho tiempo así no seguirá

con la llegada del día

al fin morirá

y todo nuestro

al fin será…”

Y empezó a reírse enloquecida. Las otras dos la miraron enfadadas, y la que tenía los brazos tan largos le dio un bofetón. ¡Plafff!. La otra dejó de reírse y se cayó sentada al suelo. Se levantó sobándose el trasero, magullado por la caída.

– Pero Abedulia- se quejó lastimeramente- ¿Qué te pasa hoy? Hemos matado a la Anjana y mañana seremos las únicas señoras del bosque… ¿Es que no estás nada contenta?

– Pues no- Respondió la otra con el ceño fruncido- Estoy mosqueada. En realidad, hasta el alba no morirá. Y pueden pasar muchas cosas en una noche. Además, estás todo el rato canturreando, dando vueltas como una peonza loca… ¡Me estás poniendo de los nervios, Saucina!

– Vale, perdona…- se disculpó-pensé que te gustaría la canción, pero ya me callo…

La tercera olisqueó el aire.

– Jolín- se quejó- tengo hambre. ¿Vamos a por un niño al pueblo?

“¿Habrá niños por aquí?

Dudo que sea así,

en la Noche de San Juan

bailando estarán”

Canturreó Saucina. y ¡Plaffff! Abedulia le dio otro bofetón.

– Pero ¿qué te crees?- le espetó- ¿Piensas que es como ir al supermercado? “Déme un cuarto de kilo de niño…”- se mofó, imitando la voz de su hermana- Mientras sigamos en esta maldita noche, ¡No tenemos poderes!- gritó.

Las otras dos se miraron, resignadas. Desde luego, su hermana mayor tenía muy malas pulgas.

– No te preocupes, Saucina- le dijo la que estaba casi calva- está así desde que le dejó su último novio…

– Pues entonces vamos a tener que ir al pueblo a secuestrarle otro… bueno, mañana, porque como hoy no tenemos poderes…

¡Vaya, qué rabia!- Exclamó Sarmentia, a la que le sonaban las tripas de hambre- ¡Y otro día a dieta!

Poco a poco, las tres brujas se fueron alejando. Lauri dejó escapar un suspiro de alivio. O su abuelo tenía razón y esas señoras eran brujas comeniños… o se habían escapado de un manicomio. Además, ¿en serio habían dicho que la Anjana iba a morir?

En ese momento escuchó un leve tintineo como de cascabeles. Chin, chin, chin… Lauri se volvió, buscando con la mirada. ¿Qué era eso que sonaba?

Una cabecita peluda, como de osito de peluche, con dos minúsculos cuernitos, apareció detrás de unas zarzas. Lauri dejó escapar un gritito, asustada, y cayó al suelo, sentada.

La cabecita volvió a esconderse y las zarzas se movieron.

Luego, el peludo bichito salió y se acercó cautelosamente a la niña, sonriendo y parpadeando con unos enormes ojazos de

color avellana.

Lauri extendió despacito una mano y le tocó la cabecita. El animalito ronroneó como un gatito y se frotó cariñosamente contra ella. La niña rió, encantada y observó al diminuto ser, que no era sino un trastolillo.

– ¿Qué se supone que eres?- Le preguntó. Luego le tocó los cuernecillos y el trastolillo la imitó, palmeándole los cabellos. Lauri vio divertida que el diminuto ser tenía un ridículo rabito, casi como un pompón, y se lo tocó. El trastolillo, que seguía imitando cada uno de sus gestos, le propinó un pellizco en el trasero.

-¡Ay! Pero bueno…- protestó Lauri indignada.

El bichito se rió descaradamente, le sacó la lengua con una pedorreta y le arrebató el juguete de las manos.

– ¡Oye, devuélveme eso!- La niña trató de rescatar su juguete, pero el trastolillo se movía muy deprisa de aquí para allá. Se metió el juguete en la boca y lo mordisqueó, pero no debió parecerle muy sabroso, porque enseguida se lo sacó con un gesto de asco. Lauri intentó de nuevo rescatar a su mascota electrónica, mas el travieso ser salió corriendo como una centella… ¡Zas! adentrándose más aún en el bosque. Y aunque la niña le siguió corriendo todo lo que podía, no tardó en perderle de vista.

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Tres sabios que han dedicado su vida buscando a Dios se enfrentan a la muerte, que les concede tres días para encontrarlo antes de regresar y rendirles cuentas. El que demuestre una mayor sabiduría conseguirá una prórroga de tres años. ¿Lo conseguirá el sabio del bosque, el de la montaña o el de la caverna?
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Cuento El Robo de las Sombras
En una pequeña aldea todos los habitantes despiertan un día y descubren que alguien ha robado sus sombras. Una niña se lanzará a la aventura para recuperarlas. ¿Lo logrará?
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Cuento El Pirata y la sirena
El pirata Morgan, tras muchos años de pillaje y correrías, se enamora de una bella sirena. ¿Logrará conquistar su corazón, frío como las aguas del inmenso océano?
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Cuento Más Allá del Séptimo Mar
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Cuento La Perla Más Grande del Mundo
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Cuento El Abrazo del Mar
Mi cuento favorito, no os cuento más.
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Cuento La Anjana Enamorada
Laro, un joven y bondadoso pastor, se enamora de Noibe, la Anjana más bella del bosque. Corroída por la envidia, la bruja Messorina la convertirá en agua. ¿Podrá Laro descubrir la forma de romper el malvado embrujo y salvar así a su amada?
Cuento dividido en 8 capítulos

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