Noche de San Juan (II)

2. Los cuentos del abuelo Manolo

–Pero mamá… – se quejó Laurita – ¿De verdad tengo que quedarme aquí?

La niña miró a su alrededor. La casa del abuelo era pequeña, no tenía tele ni calefacción y, lo que era peor… ¡No se había traído la consola de videojuegos!

Se dejó caer encima de la cama con un suspiro. Ya era bastante malo que su madre estuviera viajando continuamente… ¡Nunca hacían nada juntas! y ahora, encima, la arrastraba hasta un pueblo perdido en medio de la nada para dejarla con un abuelo al que casi no conocía, mientras ella se volvía a ir… sabía Dios a dónde esta vez.

¡Menos mal que había escondido su mascota virtual en el bolsillo de su cazadora!

– Lauri, cielo, tengo que ir a Londres este fin de semana para asistir a una conferencia, pero volveré el domingo por la noche…

–Claro–exclamó indignada la niña – con el tiempo justo de volver al colegio para el examen de matemáticas… así que tampoco te veré.

Siempre pasaba lo mismo. Empezaba a estar harta…

– Bueno, estaremos juntas el lunes por la tarde, cuando acabes tus clases…

Lauri seguía de morros, y el abuelo la miraba un poco triste, pero se volvió hacia su hija y le hizo un gesto de que se fuera,  que él se ocuparía de todo.

– No te preocupes, Mar, Lauri y yo nos lo vamos a pasar bomba… ¿verdad que sí, nenita?

Pero la niña siguió cruzada de brazos, callada y con gesto hosco. Se iba a aburrir mucho, pensaba, seguro. Y además… ¡Odiaba que le llamaran nenita! ¡Ya tenía casi nueve años!

Su madre le dio un beso en el remolino del cogote y luego se fue, seguida del abuelo, que salió para cerrarle la puerta.

Lauri se descalzó y se puso el camisón. Ya era algo tarde, o al menos afuera ya se había ocultado el sol y, puesto que no había televisión, trataría de dormir un poco.

En ese momento, el abuelo llamó a su puerta con los nudillos y entró.

– ¿Qué quieres?– Preguntó Lauri.

– Sólo venía a ver si te habías instalado bien… y ya veo que sí. ¿Vas a acostarte tan temprano? Yo creía que los niños de ciudad trasnochaban más…

– Menos cachondeo, abuelo– protestó la chiquilla, que seguía enfadada. Últimamente siempre lo estaba.– A mamá no le gusta que me acueste tarde. Además, ya me dirás qué puedo hacer aquí: no tienes televisión, no me he traído mis videojuegos… Sólo tengo a mi mascota, y él también se ha acostado…

– ¿Tu qué? – preguntó sorprendido el abuelo Manolo.

– Esto– se lo enseñó. Era una maquinita pequeña, en forma de huevo, con una pantalla diminuta donde un bichito extraño roncaba en su  camita.

– Caramba… ¿Esa es tu mascota?

– Sí. Se llama Pistachu.

– Ah.– El abuelo le devolvió el juguete con gesto de no entender nada – Yo a tu edad tenía dos gatos y un perro, pero eran de verdad. Supongo que eran otros tiempos, pero podíamos hacer muchas cosas. Y ninguna de ellas necesitaba pilas…

– ¿En serio?

– Claro. La peonza no se enchufa a ningún sitio. Y también jugábamos a las tabas… y contábamos historias fantásticas por la noche.

– ¿De miedo?– se interesó Lauri.

– Sí, bueno, y de aventuras…

– ¿De la Momia?

– ¿La Momia?– se burló el abuelo– No, claro que no… ¿Qué miedo da un tipejo lleno de vendas? Ni que le hubiera atropellado un trolebús…

– Entonces… ¿De Drácula?

– ¿El vampiro ese? Pero si le tiene alergia a los ajos…. no, qué va. Nuestras historias resultaban aún más terroríficas…

– ¿Por qué?

– Porque hablaban de cosas que vivían en los bosques que ves desde tu ventana, de seres que acechaban por las noches e irrumpían en las casas para devorar niños pequeños, o para secuestrar hermosas muchachas a las que se veía luego vagar por el bosque, con la piel blanca como un rayo de luna y los  ojos negros como la noche…

Lauri tragó saliva con miedo. ¡Glups! Esas historias sí que asustaban.

– Vaya…–disimuló– pero eso son… cuentos para asustar a los niños pequeños.

– Bueno, nenita, pues espero que no te encuentres con ninguno de esos… cuentos para niños. Como los Caballucos del Diablo.

– ¿Los Caballucos del Diablo? ¿Qué es eso?

– Son siete caballos con aspecto de libélulas gigantes. Cabalgan por el aire en la Noche de San Juan, y cada uno es de un color diferente, como el arco iris. El que va en cabeza, de un color rojo como la sangre, lleva al mismísimo Diablo sobre la grupa y, si al verlos no logras hacer siete cruces en el aire, una por cada uno de ellos, mueres aplastado bajo sus cascos.

– Caramba…

– También están las brujas…

– ¿Brujas?

– Sí, pero no temas. En la Noche de San Juan pierden sus poderes…

– Espera, espera, abuelo…– le interrumpió la niña– ¿La Noche de San Juan? ¿Qué es eso?

– Pues es la noche más importante del año, Lauri: el solsticio de verano. La noche más corta del año, la noche en la que los poderes más oscuros se desatan y los hechizos se vuelven más terribles… Esa noche cabalgan los Caballucos del Diablo entre bramidos y estruendo como de quebrarse las piedras, los seres  malignos vagan desatados y las puertas del Infierno se abren comunicando el mundo de los vivos con el de los muertos… pero también es la noche apropiada para recoger tréboles de cuatro hojas, que dan una vida afortunada a quien los encuentre, y para hacer hechizos de amor… Y las Anjanas, nuestras hadas buenas, las reinas del bosque, velan por todos, con su vara florida para hacer milagros y sus cabellos de oro sueltos sobre el manto, azul como el cielo de verano…

– ¿Y qué más bichos de esos hay por el bosque?

– Bueno, también está el culebre, que es muy parecido a un dragón, pero con unas alas chiquirritucas que ya no le sirven para volar. Echa fuego por la boca, claro, y se alimenta sólo una vez al año, devorando una doncella. En la Noche de San Juan se queda en su cueva, al contrario que las Doncellas del Diablo. De esas sí que hay que cuidarse, y mucho.

– ¿Por qué? ¿Qué hacen?

– Son unas muchachas bellísimas, pero tienen un aspecto fantasmal, y con sólo mirarte pueden llenar tu corazón de odio y así empujarte a convertirte en una de ellas.

– ¿Y no puedes hacer nada para evitarlo?

– Bueno, si tienes un corazón puro y no dudas de tus sentimientos… En fin, ninguna magia puede con un corazón puro de verdad. Claro que hay seres que, sin usar la magia, resultan peligrosísimos, como la Ojáncana.

– ¿Y esa quién es?

– La mujer del Ojáncano, la pareja más brutal. Son horribles de feos y tienen un único ojo en el centro de la frente. Ella tiene agudos colmillos que usa para engullir tiernos niños pequeños. Además, sus garras son venenosas, así que, si te atrapa, estás perdida: un solo arañazo y… ¡ñaca! estás muerta. No sabe hablar, sólo gruñe, como un jabalí.

– Ya, ¿y el truco para que no te haga nada es…?– preguntó Lauri, convencida de que había uno.

– Ninguno. No es un ser estrictamente mágico, y, teniendo en cuenta su fuerza… ¡Lo mejor es que la evites!

Laurita se quedó callada, pensando en todo lo que acababa de oír, y miró de reojo hacia la ventana. Había oscurecido ya y podía ver las sombras de los árboles, cuyas ramas se extendían como largos y esqueléticos dedos, cimbreándose con la ligera brisa nocturna.

Todo parecía lleno de misteriosas siluetas que apenas podía reconocer… ¡Jolín, qué miedo! Pero no iba a dejar que su abuelo se diera cuenta de que la había impresionado, claro.

– Todo eso son chorradas, abuelo– le dijo resuelta.

– Bueno, si tú lo dices…

El anciano se levantó y se encaminó hacia la puerta. Se volvió de nuevo, con la mano en el picaporte.

– Por cierto, ¿por qué no te vienes conmigo a la plaza del pueblo? Hoy es la Noche de San Juan, encenderemos hogueras, comeremos dulces y bailaremos…

– Espera, para el carro, abuelito…– Lauri se estremeció. – ¿Cómo que hoy es la Noche de San Juan?

– Claro… la Noche de San Juan, el 21 de junio… ¿pero tú en qué día vives, nenita?

Lauri le miró espantada. Madre mía, justo el día en que ella tenía que dormir en la casa del abuelo… ¿Salir por ahí con todos esos monstruos sueltos? ¡Ni hablar! Ni que estuviera loca…

– Na… Paso– disimuló con voz ligeramente temblorosa– No me gustan las fiestas de pueblo…Prefiero dormir. Vete tú, si quieres, y diviértete por mí.

– ¿Seguro?– Insistió el abuelo.

– Claro… Abandonarme se está convirtiendo ya en una costumbre en la familia.

– Bueno, como quieras. Si te aburres, la plaza está aquí mismo, ¿vale? Te traeré rosquillas glaseadas para desayunar mañana.

– Vale. Buenas noches, abuelo.

– Buenas noches, nenita. Y que la dulce Anjanuca vele tus sueños.

El abuelo salió sin hacer ruido y, aunque Lauri pensó que iba a ser incapaz de conciliar del sueño, no tardó en quedarse dormida.


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Cuento Los Tres Sabios
Tres sabios que han dedicado su vida buscando a Dios se enfrentan a la muerte, que les concede tres días para encontrarlo antes de regresar y rendirles cuentas. El que demuestre una mayor sabiduría conseguirá una prórroga de tres años. ¿Lo conseguirá el sabio del bosque, el de la montaña o el de la caverna?
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Cuento El Robo de las Sombras
En una pequeña aldea todos los habitantes despiertan un día y descubren que alguien ha robado sus sombras. Una niña se lanzará a la aventura para recuperarlas. ¿Lo logrará?
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Cuento El Pirata y la sirena
El pirata Morgan, tras muchos años de pillaje y correrías, se enamora de una bella sirena. ¿Logrará conquistar su corazón, frío como las aguas del inmenso océano?
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Cuento Más Allá del Séptimo Mar
Una joven emprende un peligroso viaje en busca de un remedio para la misteriosa enfermedad de su enamorado. ¿Logrará hallar la cura y regresar a tiempo de salvarle la vida?
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Cuento La Perla Más Grande del Mundo
Dos hermanos se enfrentan a una extraña búsqueda por conseguir la herencia de su padre. ¿Cuán de los dos logrará su objetivo?
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Cuento El Abrazo del Mar
Mi cuento favorito, no os cuento más.
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Cuento La Anjana Enamorada
Laro, un joven y bondadoso pastor, se enamora de Noibe, la Anjana más bella del bosque. Corroída por la envidia, la bruja Messorina la convertirá en agua. ¿Podrá Laro descubrir la forma de romper el malvado embrujo y salvar así a su amada?
Cuento dividido en 8 capítulos

6 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Narayani dice:

    Mes estoy enganchando a tus cuentos de San Juan🙂

    1. Jejeje, pues me alegro un montonazo, Fani. Además, hoy ha amanecido nublado y por fin los cielos se han abierto: Llueve a cántaros y hasta hace fresquito… Una tarde estupenda para leer arrebujada en una mantita fina en un cómodo sofá… Es lo que yo haré con mis gatitos ronroneando suavecito acurrucados junto a mí😉
      ¡Disfruta de la lectura!

      Un besazo muy especial

      1. Narayani dice:

        No creo que durase mucho arrebujada en una mantita rodeada de gatos con la alergia que me dan… jeje.

        Hoy no he leído nada porque tenía planes fuera de casa pero suena muy bien para lo que resta de noche🙂

        Besos

      2. Ah, pues si tienes alergia, entonces no, madre mía…
        No te preocupes, que ahí seguirán los cuentos, guapa, para los momentos en que quieras disfrutarlos.
        Gracias por seguir ahí y un besazo

  2. Elena94:) dice:

    Me está gustando mucho el cuento. Un beso
    Espero seguir teniendo noticias tuyas en mi blog.

    1. Hola, Elena
      Me alegro mucho de que te guste. Como verás, el mayor placer para un escritor es que se lean sus historias, así que saber que estáis por aquí me produce una gran satisfacción.
      Y por supuesto que seguirás teniendo noticias mías, escritora😉
      Un besazo

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