Noche de San Juan (I)

Érase una vez una Anjanuca preciosa,

de cabellos del color del oro

y ojos profundos como el agua del mar.

Érase una vez tres brujas malvadas,

delgadas como ramas de abedul,

y con un corazón negro como el carbón

Érase una vez que se era…

La Noche de San Juan

******

1. El Hechizo

La Anjanuca se sentó sobre una roca, y era tanto lo cansada que estaba, que al cabo de un ratito se quedó profundamente dormida.

Las tres brujas, Abedulia, Sarmentia y Saucina, que la estaban acechando, se acercaron muy despacito al hada durmiente, tapándose la boca con las manos para sofocar sus alegres risotadas.

– ¡Se ha dormido!- Exclamó Abedulia, la mayor de las tres, y también la más malvada, frotándose las manos tan contenta.

– ¡Esta es la nuestra!-Coreó su horrible hermana Sarmentia, que era la más fea de todas.

Y Saucina, que no solía decir ni pío y era la más joven (si es que las brujas son alguna vez jóvenes, claro), extendió su mano, arrugada y seca, atrapó delicadamente entre sus dedos un cabello dorado de la Anjanuca, y ¡Pinnnnnnnnn! Se lo arrancó con cuidado.

En ese momento se oyó un relámpago, la Anjanuca dejó escapar un suspiro y luego dejó de respirar.

Las tres brujas montaron entonces en sus escobas y se dirigieron a la cueva del culebre, donde tenían un caldero enorme, en cuyo interior hervía un líquido viscoso que olía a sapos muertos.

Saucina echó dentro el cabello de la Anjanuca y luego se puso a bailar con sus hermanas alrededor del puchero mientras  canturreaban:

“Una escama del culebre,

un bigote de liebre

la baba del Roblón

y espuma de Lantarón.

Sea esta la muerte del Bien

nuestro hechizo comenzó.”

El líquido del puchero espumó con más fuerza, se volvió rojo y brilló como si alguien hubiera puesto una bombilla dentro. Las brujas siguieron cantando:

“Que la fría luz de la luna ilumine el claro…

¡A la una!

A soplar el Viento del Mal empezó…

¡A las dos!

El mundo gira al revés…

¡A las tres!”

En ese momento, el líquido del caldero se volvió negro, y de él salió una figura de humo en forma de calavera. Con una explosión, el brebaje dejó de bullir.

Las tres brujas se miraron, atónitas.

– Hermanas- dijo entonces Abedulia, que no podía creerse la buena suerte que habían tenido- Nuestro hechizo ha funcionado… ¡La Anjana ha muerto!

– ¡Y el mundo es nuestro…!- gritó Saucina, dando vueltas como una peonza de lo contenta que estaba, hasta que cayó al suelo mareada.- ¡Gle, gle, gle!- exclamó en el suelo, mientras la cueva  parecía girar a su alrededor.

Las otras dos la miraban sin saber muy bien si darle una bofetada para espabilarla o lanzarle un hechizo y convertirla en rana para que dejara de hacer tonterías. Al final decidieron propinarle una torta, porque a ninguna le apetecía darle luego un beso para transformarla otra vez en bruja.

¡Plafff!.

Sarmentia sacudió la cabeza como si tuviera un muelle en el cuello y miró a sus hermanas, riéndose histérica. Las otras dos empezaron a reírse también.

Pero entonces el culebre, que llevaba un rato intentando dormirse, se acercó a ellas e, irguiéndose sobre sus patas traseras (en su cueva, practicaba frente al espejo posturitas para asustar a las personas, y consideraba que esta era la más imponente de todas), puso la voz muy grave, para que le tomaran en serio, carraspeó y comenzó a reñirlas:

– Señoras – se quejó – uno trabaja hasta muy tarde por los caminos y, aunque no lo crean, asustar a las personas está cada vez más difícil, así que me acuesto muy cansado y, dado que yo no tengo una escoba matriculada que me lleve por ahí volando, lo único que pido, y fíjense que es muy sencillo, – explicó educadamente – es poder dormir… ¿de acuerdo?

Las brujas se miraron entre ellas con gesto de hastío. ¡Mira que era pesado el bicho ese!

Saucina, que aunque seguramente era la más sensata seguía siendo un poco boba, se enfrentó al culebre sin demostrarle  miedo (sólo los listos pasan miedo)

– Mira, especie de lagartija supervitaminada – le espetó moviendo su índice delante del pobre culebre, que tenía unas ojeras que le llegaban al suelo – ahora el mundo nos pertenece a mis hermanas y a mí, así que, si quieres ponerte por las malas, podemos encogerte como si te hubieras bañado en una lavadora de agua caliente, ¿vale?

– Eso – contestó Abedulia, que estaba como un niño con zapatos nuevos- y luego te ensartamos con un alfiler y te vendemos a un coleccionista de bichos raros…

El culebre, que tenía muy malos humos (por algo es un dragón), estaba que trinaba. Las miró a las tres.

– ¿Así que son ustedes las nuevas reinas del bosque?

– Exacto, bichito, empiezas a captarlo…- se burló Sarmentia.

– Bien. Entonces deberían ustedes acicalarse… ¿verdad?- Las tres hermanas se miraron, extrañadas. La verdad es que no habían pensado en ello.

– Bueno, sí… – concedió Abedulia

– Pues yo voy a ayudarlas… ¡Voy a ponerlas muy morenitas!- y acto seguido empezó a echar humo por las fauces.

Las tres brujas salieron pitando de la cueva, tropezando con el caldero del hechizo y derramándolo por el suelo.

Donde había caído el brebaje, salieron unas setas venenosas… ¡plop, plop, plop!

– ¡Oh, demonios!- exclamó Saucina, y se detuvo para recogerlo con las manos, con tan mala suerte que una llamarada le alcanzó  de lleno, y la bruja salió aullando como un lobo envuelta por una espesa nube gris oscuro.

Las otras dos se rieron al verla churruscada como un trozo de panceta.

– Saucina, pareces un huevo demasiado frito…- se rió Abedulia, que tenía un día muy gracioso.

– No…- corrigió Sarmentia, que también estaba muy simpática pareces una cortecita de cerdo… ¡ja, ja, ja!

– Reíros, reíros, pero la poción se ha derramado…

Las tres se quedaron cabizbajas. No podrían volver a matar a la Anjana, si es que el hechizo no funcionaba…

– Bah – Sarmentia chasqueó la lengua – no creo que nadie se atreva a despertarla… Sería muy complicado.

– Tienes razón, hermana… Vayámonos, que es tarde- terminó Abedulia.

– Un momento- las detuvo Saucina – yo aún tengo un trabajito que hacer…

En su cueva, el culebre se reía mientras se miraba en su gran espejo y se atusaba los bigotes.

– De esta, me dan un premio- se decía todo contento – hoy sí que he estado convincente…- y movió sus diminutas alitas, pavoneándose, cuando de pronto… ¡dzlinnnnng!, se convirtió en una estatua de hielo.

En la entrada de la cueva, Abedulia se frotó orgullosa las manos.

– Ahí, tienes, lagartija. Mírate al espejo mientras puedas… cuando llegue el sol, te derretirás… ¡De gusto!… ¡ja, ja, ja!

En el claro de la Anjanuca, comenzó a nevar.

Los demás seres del bosque se miraron atónitos. ¡Nieve en junio!

Y entonces todos supieron que algo horrible había ocurrido.

Las tres malvadas brujas roban el cabello de oro de la Anjanuca…

Siguiente Capítulo 2. Los cuentos del abuelo Manolo.

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Cuento Los Tres Sabios
Tres sabios que han dedicado su vida buscando a Dios se enfrentan a la muerte, que les concede tres días para encontrarlo antes de regresar y rendirles cuentas. El que demuestre una mayor sabiduría conseguirá una prórroga de tres años. ¿Lo conseguirá el sabio del bosque, el de la montaña o el de la caverna?
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Cuento El Robo de las Sombras
En una pequeña aldea todos los habitantes despiertan un día y descubren que alguien ha robado sus sombras. Una niña se lanzará a la aventura para recuperarlas. ¿Lo logrará?
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Cuento El Pirata y la sirena
El pirata Morgan, tras muchos años de pillaje y correrías, se enamora de una bella sirena. ¿Logrará conquistar su corazón, frío como las aguas del inmenso océano?
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Cuento Más Allá del Séptimo Mar
Una joven emprende un peligroso viaje en busca de un remedio para la misteriosa enfermedad de su enamorado. ¿Logrará hallar la cura y regresar a tiempo de salvarle la vida?
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Cuento La Perla Más Grande del Mundo
Dos hermanos se enfrentan a una extraña búsqueda por conseguir la herencia de su padre. ¿Cuán de los dos logrará su objetivo?
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Cuento El Abrazo del Mar
Mi cuento favorito, no os cuento más.
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Cuento La Anjana Enamorada

Laro, un joven y bondadoso pastor, se enamora de Noibe, la Anjana más bella del bosque. Corroída por la envidia, la bruja Messorina la convertirá en agua. ¿Podrá Laro descubrir la forma de romper el malvado embrujo y salvar así a su amada?
Cuento dividido en 8 capítulos

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