Una larga ausencia

Como ya habréis visto, llevo bastante tiempo sin publicar entradas, más de lo que es habitual en mí, y ello es debido a que aprovechando el mini-puente festivo y armada con un cuaderno a modo de diario y un montón de rotuladores de colores, como  mi querido Edward Hirst, me he ido de viaje. ¿A dónde? Pues ni más ni menos que… ¡a Cuba! Y debo reconocer que, ahora que ya estoy en Madrid y que parece que he superado con creces el jet-lag, mirando hacia atrás en el tiempo y recordando cada uno de mis días pasados en La Habana… ¡Me ha encantado!

La Habana es un lugar increíble, lleno de contrastes. A pesar de que allí es también invierno en estos momentos, la temperatura era agradable, ni demasiado frío ni demasiado calor, la adecuada para pasear sin agobiarse.

El primer día nos recibió el sol, un sol de esos que te queman la piel si no te andas con cuidado, pero el resto de la semana las nubes hicieron acto de presencia, pintando el cielo de unos colores maravillosos y filtrando la luz suficiente como para permitirnos admirar la belleza de esa peculiar ciudad.

A lo largo del resto de la semana fuimos conociendo los rincones más bellos y curiosos: El Coliseo, el Centro Gallego, la fábrica de puros Partagás, el Morro, la Cabaña, el malecón, la 5ª Avenida, el Bosque de La Habana… y conocimos a personas maravillosas, de las cuales sin duda nos llevamos un gran recuerdo. También pudimos participar en algunos rituales interesantísimos, como una ceremonia de tambores y un “registro” o adivinación de Ifá, que quizás sirvan para mi segunda novela… ¡Quién sabe!

En definitiva, una gran experiencia que estoy deseando repetir.

Pero no os aburriré más, ya que podría estar hablando de esta aventura durante meses. Para que os hagáis una idea, os dejo un par de fotos con als que, sin duda, podréis comprender la profunda impresión que ha supuesto para mí este viaje.

Iglesia en La Habana Vieja… ¡Fijáos qué cielo más increíble!

Por todas partes en La Habana puedes encontrarte

maravillas como esta… ¡es un museo en vivo!

Nuestro hotel, el hotel Raquel, de tradición hebrea (de ahí el nombre)

era un edificio bellísimo decorado en su interior al auténtico

estilo art-nouveau.

En la terraza del hotel había esta preciosa torre desde la cual,

como una Rapunzel, pude disfrutar de unas maravillosas vistas de la ciudad.

El Bosque de la Habana desde el coche (de ahí el desenfoque)

es increíble. ¡Me quedé con las ganas de hacer una excursión por él imitando a Edward Hirst!

La próxima vez, quizas…

La entrada al barrio chino desde el coche (para entonces habíamos descubierto el modo de disparo rápido XD)

Una de las vistas del Capitolio, un edificio impresionante que imita a su homónimo de EEUU

Los coco-taxi son uno de los taxis típicos para turistas.

A nuestro amigo Jorge le daban “yu-yu” porque le parecía que se iban a “virar” (volcar)

El maravilloso atardecer del que pudimos disfrutar desde la casa en la que asistimos a una boda.

¡Fue increíble!

Una vista preciosa de la bahía de La Habana desde la fortaleza española de La Cabaña

En definitiva, nuestro viaje ha sido…

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