Menos es más

Ahora mismo me encuentro leyendo un libro que, sin estar mal, de hecho se deja leer bastante bien, sí que incurre en algo que considero un error que todos los principiantes tendemos a cometer (por lo que he podido investigar, esta es la primera novela del autor), y es que el dicho Menos es Más es totalmente cierto, pero rara vez se cumple.

El error al que hago referencia es el de querer contarnos absolutamente todo acerca de un personaje en las dos primeras páginas del libro.

Cierto es que el inicio clásico de una novela hace referencia a la presentación de los personajes y la trama, pero si queremos dar todos los detalles de la vida y carácter del protagonista, estaremos incurriendo en una disección, a menudo sin alma, del personaje. Daremos un montón de datos, pero no dejaremos espacio para que el lector vaya conociendo poco a poco a nuetsro protagonista. Es decir, que el discurso narrativo no será natural y fluido sino forzado y artificial.

Imaginemos que una novela es una metáfora de un enamoramiento: La emoción del primer momento radica, precisamente, en que, aunque querríamos saberlo absolutamente todo del otro, en realidad debemos ir conociéndolo poco a poco, es imposible saberlo todo en cinco minutos. Eso hace que la tensión y el interés se mantenga. De lo contrario, los enamoramientos no sobrevivirían a los primeros cinco minutos. Por supuesto, disponer de una novela completa para definir a un personaje y no un solo capítulo, nos permitirá crear una personalidad mucho más compleja, apasionante e interesante y resultará una experiencia narrativa mucho másplacentera tanto para el escritor como para el lector.

La seducción no tiene cabida en una personalidad completamente exhibicionista, debe mantener un leve misterio, desvelar poco a poco los detalles necesarios, ya que hay cosas que nadie quiere/necesita saber. El elctor debe quedarse con la sensación de que quiere más, de que quiere caminar por el resto de las páginas de la mano del personaje, observándolo, comprendiéndolo, conociéndolo y, por lo tanto, amándolo (u odiándolo, todo con tal de que haya una posibilidad de identificación y una emoción fuerte que ate su atención a la tinta de las páginas)

De esta forma, en el libro al que hago referencia, antes de lapágina 50, el autor escribe un diálogo de 12 páginas (¡!) en el cual disecciona al protagonista, con toda su vida pasada y antecedentes, al villano, la trama principal y a otro personaje (intuyo que será importante, porque si no doce páginas resultarían excesivas) en una especie de catálogo de datos que deja completamente frío al lector. Con este capítulo, podemos conocer intelectualmente al personaje, pero desde luego no logramos empatizar con él ni comprender sus motivaciones. Ya lo sabemos todo de él, y ya nos cae, bien o mal (a mí, personalmente me cae un poco gordo, ya que es un hacker, en teoría inteligentísimo al que han atrapado como si fuera un principiante porque era necesario que se encontrara con su interlocutor ya desde el principio.. ¿deus ex machina?)

Reconozco que yo incurrí en el mismo error al comenzar a escribir White Creek Manor: quería contar demasiadas cosas, de Edward y del bayou, en poco espacio. El resultado era una narración fría y distante, casi como un libro de zoología. Por supuesto, rehice todo el inicio y permití que Edward evolucionara desde la primera hasta la última hoja. Tenía un largo camino que recorrer y mucho tiempo para contarnos sus motivaciones… ¿para qué apresurarse?

Es cierto que, como autor, saber absolutamente todo de cada uno de los personajes dificulta la tarea de discriminación de la oportunidad de cada detalle, pero creedme: es mejor que el lector conozca al protagonista por sus actos, por cómo va evolucionando a lo largo de la obra, que porque nos embarquemos en una larga (e innecesaria) descripción de su vida.

Quizás cuando deseamos comenzar la ardua tarea de escribir una novela debemos plantearnos en qué punto debe comenzar la historia. Es decir, para aquellos que hayáis leído White Creek Manor antes de que la descolgara, Edward podría haber comenzado su relato en diferentes momentos, por ejemplo, durante su estancia en África o en la choza del hechicero bakongo, que resultó una experiencia que marcaría su devenir futuro, podría haber comenzado y en Luisiana, quizás incluso en el primer asesinato.

El momento define la información que debemos dar al lector para que pueda comprender la historia, pero empezar contándolo todo lo único que puede hacer es cansar y desinteresar… ¡como autores no querremos provocar algo así!

Por lo tanto, recordemos:

Menos es más.

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