White creek Manor. Luces y sombras del siglo XIX

Cada historia pertenece a una época.

Lo que quiero decir con esta frase es que cada historia funciona bien en una época determinada, y puede convertirse en una buena novela, o en un fiasco si la situamos en un momento poco adecuado. Arturo, Ginebra y todos sus caballeros, brillan con luz propia en una Edad Media romántica, pero no en los pastiches que hemos podido ver acerca de la supuesta historia real en el Imperio Romano. La flema británica y la extravagancia de Holmes encajan perfectamente en la época de la reina Victoria, pero en la actualidad no tendría cabida sin un equipo del CSI que parecen tener en sus maletines una bola de cristal particularmente eficaz. ¿Y qué decir de Frakenstein? ¿y del capitán Ahab? ¿y del abominable horror tentacular de Cthulhu? Drácula y su fría maldad no tiene cabida en un mundo de vampiros adolescentes y metro-sexuales, tampoco el doctor Jekyll y su sombra, mr. Hyde, que sin duda acabarían analizados por una joven y bella psiquiatra o atrapados por una novata del FBI.

Y, sin embargo, todos ellos son universales e intemporales, ya que un carácter “redondo” no tiene tanto que ver con la época en que se ambienta la novela como con el propio carácter arquetípico del personaje en sí. Pero esto ya lo comenté en la anterior entrada Construcción de personajes. Los arquetipos en la narración así que no me extenderé en este tema.

El siglo XIX nos ofrece dos características que podrían parecer contrarias y que, sin embargo, se complementan a la perfección para crear un ambiente de luces y sombras en el que puede ocurrir cualquier cosa.

Por un lado, es una nueva época de la razón. Las máquinas de vapor suponen una revolución en la industria y los métodos de fabricación, la mayor parte de la población va migrando de los campos a las ciudades en busca de nuevos empleos y la posibilidad de salarios y modos de vida mejores. En las urbes conviven los ricos de pedigrí y la mayor miseria a escasas manzanas de distancia.
Amparados por las tenues y engañosas luces de gas de la calle, en la noche podrían cometerse los asesinatos más terribles en el barrio londinense de White Chapel, los personajes más siniestros deambularían libremente entre las sombras…
También es la época de los grandes viajes, de la búsqueda de conocimiento y de las sociedades secretas. Se experimenta con drogas, se hacen vivisecciones animales… pero es también la época del espiritismo y las supersticiones, de Romasanta y Jack el Destripador…

Y esta unión de razón y superstición es lo que me empujó a situar mi novela en esta época. En el siglo XXI, sin duda Hirst habría llamado a un grupo de científicos, a las fuerzas del orden, quizás, pero en el siglo XIX, los Hawkins estarían aislados en el pantano, a la merced de la bestia, sin más formas de escapar que lanzarse a la carrera por el siniestro camino del bayou o al galope a lomos de un corcel. Por las noches, la hacienda permanecería a oscuras, sumida en la niebla del río. Los viajes serían lentos y las huídas angustiosas. No se podría tomar un avión y presentarse en otro continente en diez horas. Hirst debería aguantar en la ciudad y, para salir de ella, enfrentarse a la bestia.

En definitiva, el siglo XIX, definía el marco del conflicto, forzándolo, mejor que cualquier época.

¿He dicho conflicto?
Sí.
Pero de esto hablaremos mañana. Hoy, España ha pasado a la final del Mundial y hay que celebrarlo.

Os espero mañana… ¡No me falléis!

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Morveth dice:

    ¡Qué razón tienes!

    hirst nos habría parecido un héroe mucho menos intrépido si hubiera dispuesto de un jeep con GPS, un teléfono por satélite y todo el respaldo de la policía científica.

    También es cierto que el poder de la Bestia habría sido menor en las tumultuosas calles de una gran urbe que en el sobrecojedor aislamiento del bayou ¿Harás también referencia al espacio además de al tiempo?

    ¡Queremos más!

    1. ¡Claro, Morveth! Es a lo que me refiero cuando hablo de los personajes de la literatura clásica como Drácula, Frankenstein, etc. No tendrían cabida en el mundo racional de hoy. Nuestras noches están mucho más iluminadas, tenemos menos misterio y más brutalidad, las supersticiones no tienen cabida en las grandes masas de una ciudad, y por ello la bestia no habría resultado tan misteriosa ni tan sobrecogedora.
      En cuanto a hablar del espacio… poco a poco, como le he dicho a Angela. Aún hay muuuuchas cosas de las que deberemos hablar y muchos documentos que descubrir. Pero está bien que sugiráis más cosas. El hambre de conocimientos es el germen de la sabiduría!

      Un besote

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