¿Por qué escribir una novela en WordPress?

Todos los que me conocen en profundidad saben que mi mayor vocación ha sido siempre la de escribir. Antes de saber cómo coger un bolígrafo, ya reunía a mis muñecas en un corrillo y les contaba cuentos que inventaba sobre la marcha. Luego, llegaron los cuadernos llenos de historias, las ilustraciones y el sueño de ser escritora.

Durante años no fue más que eso, un sueño, pues fui educada en la política del esfuerzo: si no te cuesta hacerlo, es que no es suficientemente bueno.

Y, desde luego, escribir no sólo no me costaba, sino que además me producía un gran placer.
Y así, pasé la mayor parte de mi vida pensando que, al fin y al cabo, nunca podría ganarme la vida como escritora, por lo que mantuve mi vocación tan solo como una más de mis excéntricas diversiones, temiendo incluso someterme al juicio de propios y extraños, disculpándome con el mundo por no ser suficientemente buena y escribiendo sólo para mí.

Dos cosas me hicieron cambiar de parecer el año pasado: Cayó en mis manos un libro espantosamente escrito que, sin embargo, había recibido un premio y, por supuesto, había sido publicado. ¡Me sorprendí de lo malo que era! y me indigné de que algo así pudiera ser editado y vendido en librerías, mientras que yo… ¿yo? Yo podía hacerlo un poco mejor, seguro, pero ni siquiera lo habia intentado.
Lo segundo era que había llegado el momento de vencer mi miedo a ser juzgada por otros que no fueran mis amigos o familia.

En mi trabajo de ese momento conocí a una compañera. En ese momento estaba escribiendo una novela, Los Niños Perdidos, de la que ya tenía unas cien páginas. Ella me pidió que se las dejara leer y así lo hice. Al día siguiente me pidió más y me dijo que le estaba encantando. Descubrí que podía escribir una media de entre 10 y 15 páginas al día sin problema, así que cada día le enviaba por email su ración. Su interés, lejos de decrecer, aumentaba con cada entrega. Por desgracia, el contrato finalizó y M. se quedó sin conocer el resto de la historia.

Llegaba entonces el momento de experimentar con un público mayor. La mejor forma de llegar a un segmento amplio era a través de Internet. Investigando todas las opciones, me decidí por WordPress.

Ahora bien, una novela publicada en cualquier medio no puede, generalmente, presentarse a concursos literarios, por lo que me di cuenta de que, si subía Los Niños Perdidos, perdería esa posibilidad. Además, el formato narrativo idóneo sería uno que me permitiera fragmentar la historia en entregas no demasiado largas, que no cansaran a los posibles lectores, y lograran mantener una cierta tensión.

Recordé entonces las novelas góticas que tanto me gustaban en mi infancia. Drácula fue la primera que leí con formato de diario. En aquella época, muchas novelas se editaban por entregas, Dickens y Stevenson, por ejemplo, pubicaron varias de esta forma.

Y así, dándole vueltas, decidí que sería una novela gótica, de misterio/terror, escrita como un diario y que transcurriría en algún lugar del extranjero sumido en la niebla de las leyendas.
Claro que me faltaba la historia en sí.

Continué dándole vueltas al tema varios días. Gracias a Dios, mi inconsciente es hiperactivo y le encanta enviarme imágenes poderosísimas durante el sueño, así que una noche vi la que sería la escena principal de la historia:

Me encontraba en una casa de madera, la típica mansión colonial estadounidense. Subí una escalera de madera hasta la segunda planta. El piso de abajo estaba en llamas. En uno de los dormitorios, el calor había despegado parte del damasco que cubría las paredes. Tiré de una de las esquinas y pude ver el dibujo de un hombre, una especie de deidad, que tenía…

Los que hayáis leído la novela, ya sabéis el resto.

Bueno, tenía una escena increíble y tan solo tenía que hallar la forma de encajarla en una historia algo más compleja. Seguí las técnicas que detallo en la categoría Recursos Narrativos y… ¡voilá! Ya tenía la historia.

Tras investigar un par de meses acerca de la historia de Luisiana y la ciudad del bayou así como de la sociedad victoriana, estaba preparada para comenzar a escribir.

Era el 14 de marzo.

Encendí mi ordenador y escribí…

Prefacio

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. angela dice:

    Querida Victoria,
    ¡cuántas veces he experimentado eso mismo que tú con las novelas o los relatos que han ganado miserablemente concursos y han sido publicadas, con la poesía!, hasta el punto de sentir ira y de no entender nada en absoluto.
    Precisamente me encanta el final de este relato porque queda diluido en la leyenda.
    Ya te he comentado varias veces la maestría narrativa, y de vocabulario, y de imágenes, que demuestras.
    Los niños perdidos… cómo me gustaría conocer esa historia.
    Te entiendo perfectamente: desde mi más tierna infancia el cielo, la noche, la luna… me requerían, me llamaban… para cantarles versos.

    Un abrazo,
    Tal vez te sientes ahora un poquitín vacía, al haberlo terminado? Yo hace algo menos de un mes que terminé y corregí mi último poemario… y me encuentro desesperado a la caza de inspiración, soltando versos por aquí, versos por allá, es genial pero causa dolor.

    1. Hola, Angela
      Sí, entre artistas nos entendemos.
      Me sentí muy triste cuando finalizó el diario y comencé a escribir la parte de la investigación de Pearson, ya que significaba que me estaba despidiendo de Edward Hirst, al que he tomado mucho cariño, ya que tiene mucho de mí.
      y después, al escribir la última frase de la novela, sentí que yo también estaba despidiéndome de la ciudad junto al bayou y de todos los demás personajes. Me sentí allí, contemplando el mágico paraje, con la mano sobre el corazón, esuchando la canción del guardián, sabiendo que escribiré muchas otras cosas, pero que esta hisoria había concluido por completo. Reconozco que se me hizo un nudo en la garganta y que derramé un par de lagrimillas al escribir la palabra “fin”.
      En cuanto a los Niños Perdidos… Cuando comencé a escribirla me enamoró más que White Creek Manor, así que imagínate cómo me sentiré cuando la concluya. Pero bueno, es posible que pronto os presente a los huérfanos de Tía Mae, al bueno de sir John Fitzpatrick y al valiente Lawrence, entre otros.
      En vacaciones mi chico me ayudará a corregir White Creek y, es posible, que comience a moverla en alguna editorial. Ya os contaré cómo me va. Si consigo publicar, podrás decir que tú estuviste ahí, durante todo el proceso, dándome parte del apoyo que me animó a seguir con mi sueño.

      Sigue buscando la inspiración… ¡Bendito dolor! ¡siempre llega para aquel que la busca! (juega a las palabras encadenadas, un sustantivo y un adjetivo. A mí me funcionaba cuando escribía poesía y, si no, al menos encontrarás imágenes mentales tan bellas que te pondrán en el camino del sentimiento adecuado)
      Todavía estoy esperando a que Jul me pase tus poesías…😦 ¡Seguro que son increíbles!

      Besos a tutiplén

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