Mamá, quiero ser artista…

En este primer comentario, voy a tratar de explicaros exactamente por qué alguien como yo, una chica sencilla con una vida tranquila, decide un día liarse la manta a la cabeza y lanzarse al cruel mundo editorial.

Veréis: Aprendí a leer a eso de los tres años. Mi pobre y sacrificada madre, harta de que la persiguiera por la casa a todas horas esgrimiendo mis libros de cuentos, y más harta aún de repetírmelos una y otra vez hasta que lograba aprendérmelos de memoria (me encantaba fingir que sabía leer delante de las visitas, aunque casi no sabía ni hablar) decidió no esperar a que el sistema escolar tuviera a bien integrarme en el rebaño, y se las compuso para diseñar un sistema eficaz de enseñanza de la lectura con el que tenerme contenta. ¿El resultado? Que desde entonces no he dejado de leer. Y, lo más grave aún, tampoco he dejado de soñar.

Mis pobres y pacientes padres decidieron al poco tiempo abrirme una ficha en la biblioteca infantil de Santander, puesto que para cuando cumplí los seis años tenía tantos libros que ya no cabían en el salón de mi casa. Ese fue el principio del mal. Mi cerebro se llenó de historias, de personajes, de imágenes poderosas y vívidas de cuanto ocurría entre las páginas de los libros y de otras muchas que disfrutaba inventando y, cuando sentí que explotaría cual olla a presión, empecé a contar cuentos a todos aquellos que tuvieran la paciencia de escucharme (generalmente mi familia cercana , posteriormente, todas esas muñecas con las que no sabía muy bien qué hacer salvo sentarlas en el suelo a mi alrededor para narrarles largas historias).

Nunca fui una niña de muchos amigos. Prefería leer y escribir a jugar con los demás. Eso no quiere decir que me pasara el día sola enfrascada en mi mundo… pero casi. Como además era de temperamento muy (y cuando digo “muy” quiero decir MUY) introvertido, me resultaba más fácil relacionarme con Ulises, D´Artagnan o Frodo que con cualquier ser humano a mi alrededor que no perteneciera a mi círculo íntimo.

Uno de los momentos más importantes en esa época fue el descubrimiento de que “ver” lo que leía como si fueran películas mentales no era lo normal. Tampoco lo era tener tantas historias en la cabeza ni desear escribir a todas horas. Yo debía de tener entonces unos ocho o nueve años, y ese descubrimiento me impactó tan profundamente que me hizo pronunciar la horrible maldición: “De mayor seré escritora”.

Pero entonces, os estaréis diciendo, ¿qué ocurrió? ¿por qué esta chica con una vocación tan temprana no es aún una escritora? Bueno, soy escritora, ya que escribo, y escribo mucho. Pero aún no he publicado nada… Simplemente porque hasta ahora no me lo había propuesto. Es lo que tiene la sociedad en la que vivimos, supongo. Crecí y maduré en un sistema relativamente tradicional, según el cual ser artista, en este caso escritora, es casi un milagro. “Búscate algo serio de lo que vivir” es la frase que más me ha perseguido. ¿Qué significa esta frase, en realidad, para una personalidad extremadamente sensible? Está claro, ¿no?: “No eres suficientemente buena”, “Nunca lograrás vivir de lo que escribes” y, en definitiva: “No hay sitio para soñadores como tú”.

Así que inicié una carrera convencional, me rodeé de personas convencionales e inicié mi vida adulta como persona convencional… ¿Sí? Bueno, en realidad no. Cuando me aburría en clase (desde 1º de EGB), lo cual era a todas horas, sacaba un cuaderno (adoro los cuadernos) y me ponía a escribir. ¿Que llegaba la hora del recreo y no me apetecía jugar con las demás niñas? Pues me ponía a escribir. Entonces llegó el momento de empezar a trabajar. Siempre me han tocado largas jornadas de 40 horas semanales en turno partido… Seamos sinceros: ¿Hay tanto que hacer en el trabajo? ¿Se puede una estar 12 horas diarias fuera de casa y no encontrar ni un momento para escribir en las tediosas y larguísimas jornadas laborales españolas? Yo no. Moriría si no pudiera escribir y romper de alguna forma con la monotonía, manteniendo, eso sí, aunque a duras penas, la fría fachada de persona convencional que le hace a una ser socialmente aceptable.

Pero nunca pensé que lo que escribía tuviera ningún valor. ¿Os imagináis cuántos relatos han acabado en la papelera? Al final, han sido aquellos a los que he permitido acceder a mis manuscritos los que me han animado a intentar publicar.

Y por eso estoy escribiendo este blog. ¿Mi pretensión? Contaros esta experiencia. Puede que consiga publicar mi primera novela, o puede que no, pero es posible que mi experiencia sirva a otros que se identifiquen con mi historia.

Así que aquí va esta pequeña bitácora: por todos aquellos que sueñan con convertirse en los nuevos Grisham, King o Eco, pero, sobre todo, por la pequeña chiquilla que un día se atrevió a decir “de mayor seré escritora”.

Escribí esta entrada un mes antes de comenzar a escribir mi primer libro. Seis meses después, en noviembre de 2010, White Creek Manor, mi primera novela, escrita íntegramente en el blog, fue publicada por la editorial Neverland.

Podéis adquirirla tanto en la Casa del Libro como en Amazon.es

Ya veis, los sueños se cumplen si se siguen con el suficiente tesón😉

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Deby dice:

    Chica, cómo te comprendo. Mi casa está hasta los topes de libros, y leo y escribo a todas horas (lo mío no es el cuaderno, prefiero las libretas y ya me he cargado unas cuantas). Dos de mis novelas acabaron en la basura porque me reboté conmigo misma cuando quedaba poco para acabarlas y estoy a punto de acabar otra (que por el momento me gusta, así que dudo que acabe en la basura) que seguramente me cueste colar en el mundillo editorial debido a que es de género fantástico. De momento, procuro presentar mis relatos cortos a concursos y cuando no gano los cuelgo en mi blog. Por desgracia, no logro abrirme paso en el mundillo literario ni a tiros, ni con concursos, ni con mis dos blogs (uno de ellos es novela por entregas) ni con otros chanchullos. Al menos algunos de mis relatos han sido publicados seriamente, pero es un pobre consuelo. En fin, que espero que tú tengas más suerte que yo.

    1. Hola, Deby
      Bienvenida a mi rinconcito
      Bueno, mujer, no te agobies, que no es bueno. lo importante es que disfrutes escribiendo y que no pierdas la ilusión. ¿Has leído el post “La tenacidad del buey?” Pues digo exactamente esto, como profesora de creatividad a menudo me encuentro con chicos muy jovencitos que, a la primera dificultad, se hunden y abandonan, cuando talento no les falta. La única diferencia entre el éxito y el fracaso es… ¡El TESÓN! Así que desde aquí te animo a que sigas intentándolo. Publicar o no no es cuestión de género, el fantástico vende bien, así que no te preocupes. Lo importantes es que tengas una historia interesante, que la cuentes bien y… sobre todo sobre todo sobre todo… ¡que esté acabada! Así que venga. Tu blog será el siguiente que visite hoy.
      Quizás, dentro de un tiempo, nos veamos todas presentando nuestros libros al público y si no… bueno, al menos habremos disfrutando contando nuestras historias al mundo.

      Un mundo y toneladas de ánimo
      Victoria

  2. Mar dice:

    Jo chica que bonito, me encanta.
    Has tenido una idea estupenda.
    Te deseo d todo corazon exito, que te lo mereces, ya sabes de sobra lo mucho que me gustan tus relatos. Animo y a luchar por tus sueños. Un beso: Tati

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